Argentina
04 de Noviembre de 2026

JPMorgan proyecta que Estados Unidos duplicará su producción de cobre y posiciona a Argentina entre los países con mayor potencial de crecimiento

Un análisis de JPMorgan estima que Estados Unidos podría incorporar 1,3 millones de toneladas anuales de capacidad minera de cobre, más que duplicando su producción actual. El banco ubica al país norteamericano como el tercer mayor contribuyente potencial al crecimiento de la oferta mundial, detrás de Chile y Argentina. La proyección destaca las oportunidades que ofrecen los nuevos proyectos cupríferos, aunque advierte que los permisos, los elevados costos de inversión y la infraestructura podrían retrasar buena parte de la nueva producción hasta después de 2030.
JPMorgan proyecta que Estados Unidos duplicará su producción de cobre y posiciona a Argentina entre los países con mayor potencial de crecimiento

 

El mercado mundial del cobre podría experimentar una transformación importante durante la próxima década, impulsada por nuevos proyectos mineros y ampliaciones de operaciones existentes. En ese escenario, Argentina aparece entre los países con mayor potencial para incrementar la oferta del metal, de acuerdo con un análisis de JPMorgan.

El banco de inversión estima que Estados Unidos podría sumar aproximadamente 1,3 millones de toneladas de capacidad productiva anual, una cifra superior a su volumen actual de extracción.

De concretarse los desarrollos identificados, la producción minera estadounidense podría más que duplicarse. Sin embargo, el escenario no supone un crecimiento inmediato: una parte importante de la nueva capacidad difícilmente estaría disponible antes de 2030.

La proyección coloca a Estados Unidos en el tercer lugar entre los países con mayor potencial de crecimiento de la oferta cuprífera, por detrás de Chile y Argentina.

Para el sector argentino, la comparación resulta especialmente relevante. Mientras Estados Unidos busca recuperar capacidad productiva perdida durante las últimas décadas, Argentina enfrenta el desafío de desarrollar una nueva industria del cobre a partir de proyectos que todavía deben avanzar hacia su construcción y operación.

Estados Unidos busca revertir tres décadas de retroceso

La producción minera de cobre en Estados Unidos se encuentra actualmente alrededor de un millón de toneladas anuales, aproximadamente la mitad del volumen registrado hace tres décadas.

Según JPMorgan, esta disminución estuvo relacionada principalmente con un período prolongado de inversión insuficiente en nuevos desarrollos.

La pérdida de participación estadounidense también se refleja en el mercado internacional.

A comienzos del siglo XX, el país representaba cerca del 50% de la producción mundial de cobre. Actualmente, su participación es inferior al 5%.

El retroceso contrasta con la creciente importancia estratégica del metal para la economía estadounidense.

El cobre es utilizado en redes eléctricas, construcción, infraestructura industrial, vehículos eléctricos y sistemas tecnológicos. Su elevada conductividad lo convierte en un material fundamental para numerosos procesos de electrificación.

La expansión de estas actividades incrementa el interés por garantizar el abastecimiento y reducir la dependencia de suministros externos.

En ese contexto, Estados Unidos busca recuperar protagonismo mediante inversiones en nuevas minas, ampliaciones de operaciones existentes y mejoras en su capacidad industrial.

Resolution Copper concentra la mitad del crecimiento potencial

Uno de los proyectos más importantes identificados por JPMorgan es Resolution Copper, ubicado en el estado de Arizona.

La iniciativa es desarrollada por una sociedad integrada por Rio Tinto y BHP, dos de las principales compañías mineras internacionales.

El proyecto contempla una explotación subterránea de gran escala y representa aproximadamente la mitad de la capacidad adicional de cobre identificada por el banco para Estados Unidos.

Según las estimaciones de las compañías, Resolution Copper podría producir alrededor de 18 millones de toneladas de cobre durante una vida útil de 40 años.

Una vez alcanzada su capacidad plena, la operación tendría potencial para abastecer hasta el 25% de la demanda estadounidense del metal.

Estas cifras reflejan la dimensión estratégica del emprendimiento, aunque todavía corresponden a proyecciones de desarrollo.

Resolution Copper debe completar requisitos regulatorios y estudios técnicos antes de avanzar hacia una operación comercial.

Por esa razón, no se espera que comience a producir antes de 2030.

El proyecto muestra una de las principales dificultades de la expansión cuprífera: la existencia de recursos minerales de gran escala no garantiza que puedan transformarse rápidamente en producción.

Freeport-McMoRan podría aportar más de 250.000 toneladas adicionales

Mientras los grandes proyectos nuevos enfrentan períodos prolongados de desarrollo, JPMorgan identifica oportunidades de crecimiento en operaciones que ya se encuentran en funcionamiento.

Entre ellas se destacan las pertenecientes a Freeport-McMoRan, uno de los principales productores de cobre de Estados Unidos.

El banco estima que la compañía podría incorporar más de 250.000 toneladas anuales de capacidad productiva mediante ampliaciones de sus operaciones existentes.

Este tipo de desarrollo, conocido como brownfield, presenta características diferentes a las de una mina construida desde cero.

Las ampliaciones pueden aprovechar infraestructura, instalaciones de procesamiento, conexiones eléctricas y sistemas logísticos que ya están disponibles.

Esto puede reducir determinados desafíos de construcción y permitir una incorporación más rápida de nueva capacidad.

Sin embargo, las expansiones también requieren inversiones, autorizaciones y condiciones técnicas adecuadas.

El potencial identificado por JPMorgan no equivale a producción adicional ya comprometida.

Los costos de inversión representan un desafío

El análisis también advierte que el desarrollo de nuevas minas de cobre en Estados Unidos enfrenta costos superiores al promedio internacional.

JPMorgan estima que los proyectos estadounidenses requieren aproximadamente US$28.000 de inversión de capital por cada tonelada de capacidad productiva anual.

El promedio mundial considerado por el banco se ubica alrededor de US$26.000.

La diferencia equivale a aproximadamente un 7,7% más de inversión por unidad de capacidad.

Este indicador permite comparar la intensidad de capital de los proyectos, aunque no representa el costo operativo de producir una tonelada de cobre.

Las minas subterráneas de gran escala pueden enfrentar necesidades de inversión especialmente elevadas debido a la infraestructura necesaria para acceder al mineral, transportarlo y procesarlo.

La rentabilidad de estos desarrollos depende de múltiples factores, entre ellos las leyes minerales, los costos de construcción, los gastos operativos y las cotizaciones futuras del cobre.

Por ello, la disponibilidad de recursos geológicos constituye solamente una parte de la ecuación económica.

Permisos y nuevas tecnologías podrían acelerar los proyectos

JPMorgan también identifica factores que podrían contribuir a reducir los tiempos necesarios para incorporar nueva producción.

Entre ellos se encuentran los cambios regulatorios destinados a agilizar los procedimientos de evaluación y autorización.

El análisis menciona el marco estadounidense FAST-41, que establece mecanismos de coordinación y seguimiento para determinados proyectos de infraestructura.

También destaca el potencial de nuevas tecnologías aplicadas a la recuperación de cobre.

Entre ellas aparece la lixiviación in situ, un procedimiento que permite recuperar determinados minerales mediante soluciones aplicadas en condiciones geológicas apropiadas.

La posibilidad de reactivar minas que actualmente se encuentran fuera de operación representa otra alternativa para incrementar la oferta.

Sin embargo, estas oportunidades dependen de las características de cada yacimiento y de la viabilidad técnica, ambiental y económica de los proyectos.

Producir más cobre no garantiza el autoabastecimiento estadounidense

El informe señala que la expansión minera no resolvería por sí sola las necesidades de abastecimiento de Estados Unidos.

JPMorgan identifica un déficit cercano al millón de toneladas de cobre primario.

Esto significa que el país necesita fortalecer diferentes etapas de su cadena productiva, además de incrementar la extracción.

Una mayor producción minera puede generar volúmenes adicionales de concentrado, pero ese material requiere instalaciones industriales para transformarse en productos refinados.

Por esa razón, el banco destaca la necesidad de ampliar la capacidad de fundición y refinación.

Sin inversiones complementarias, una parte de la nueva producción podría continuar dependiendo de instalaciones ubicadas fuera del país.

La situación refleja que la seguridad de abastecimiento no depende exclusivamente de contar con yacimientos.

También requiere infraestructura industrial, energía, transporte y capacidad de procesamiento.

Argentina aparece entre los países con mayor potencial cuprífero

Uno de los aspectos más relevantes del análisis de JPMorgan es la posición asignada a Argentina dentro del crecimiento futuro de la oferta mundial.

El banco ubica al país entre los principales contribuyentes potenciales, junto con Chile y por delante de Estados Unidos.

Esta perspectiva se relaciona con una cartera de proyectos de cobre de gran escala que todavía deben avanzar hacia su desarrollo productivo.

A diferencia de Chile, que cuenta con una industria cuprífera consolidada, Argentina se encuentra ante la posibilidad de construir una nueva etapa de producción del metal.

El país dejó de producir cobre a escala comercial significativa después del cierre de Bajo de la Alumbrera, en Catamarca, durante 2018.

Desde entonces, el crecimiento potencial de la actividad se concentra en proyectos que atraviesan diferentes fases de exploración, evaluación, ingeniería y preparación.

El interés internacional está vinculado principalmente con los recursos minerales identificados en la región cordillerana.

Sin embargo, el desarrollo de esa cartera dependerá de decisiones de inversión y de la capacidad de resolver desafíos técnicos, regulatorios y logísticos.

San Juan concentra algunos de los principales proyectos

La provincia de San Juan ocupa un lugar central dentro de las perspectivas de crecimiento del cobre argentino.

Entre los desarrollos destacados aparecen Vicuña, Los Azules, El Pachón y Altar.

Estas iniciativas presentan diferentes características y grados de avance.

Vicuña comprende el desarrollo integrado de los depósitos Josemaría y Filo del Sol, mientras que Los Azules constituye otro de los grandes proyectos cupríferos de la provincia.

Por su parte, El Pachón y Altar forman parte de la cartera de recursos con potencial para ampliar la futura producción nacional.

La presencia de estos proyectos explica buena parte del posicionamiento de Argentina dentro de las proyecciones internacionales.

No obstante, la existencia de grandes recursos minerales no significa que todos los emprendimientos entren en operación durante la próxima década.

Cada proyecto deberá completar las etapas pendientes y definir sus respectivos cronogramas.

Vicuña y Los Azules avanzan en sus procesos de desarrollo

Entre los proyectos sanjuaninos, Vicuña y Los Azules cuentan con avances relevantes en materia ambiental.

Las autorizaciones obtenidas permiten continuar las etapas correspondientes de desarrollo, aunque no representan por sí solas una decisión final de inversión ni el inicio de la producción.

Ambos emprendimientos requieren infraestructura de gran escala para alcanzar sus objetivos productivos.

Las necesidades incluyen instalaciones mineras, sistemas energéticos, caminos y soluciones para el transporte de materiales.

En proyectos de esta dimensión, la infraestructura puede representar una parte significativa de la inversión total.

Por ello, la planificación técnica y logística constituye un elemento determinante para evaluar su viabilidad.

Los avances administrativos y de ingeniería son importantes, pero todavía deben transformarse en construcción y posteriormente en producción efectiva.

La infraestructura será determinante para el cobre argentino

La comparación entre Estados Unidos y Argentina permite identificar un desafío compartido: transformar el potencial geológico en operaciones económicamente viables.

En el caso argentino, una de las principales necesidades está relacionada con la disponibilidad de infraestructura.

Los grandes proyectos de cobre requieren suministro eléctrico, caminos adecuados y sistemas logísticos capaces de transportar equipos, insumos y productos.

La ubicación cordillerana de numerosos yacimientos incorpora dificultades adicionales.

Las condiciones de altura, las distancias y los períodos de acceso pueden influir sobre los costos y los cronogramas de desarrollo.

También será necesario definir las alternativas de transporte hacia instalaciones industriales y puertos de exportación.

Estas decisiones pueden modificar significativamente la estructura económica de cada proyecto.

La integración con Chile ofrece nuevas oportunidades

La ubicación de los proyectos argentinos cerca de la frontera chilena también abre posibilidades de integración logística.

Chile cuenta con una industria cuprífera desarrollada y una red de infraestructura vinculada con la actividad.

La cooperación entre ambos países podría facilitar el acceso a determinados servicios, corredores de transporte e instalaciones portuarias.

En agosto de 2026, Argentina y Chile avanzaron en mecanismos de cooperación minera dentro del marco de su tratado bilateral de integración.

Entre los proyectos considerados se encuentran iniciativas relacionadas con el distrito Vicuña y otros desarrollos transfronterizos.

La posibilidad de compartir infraestructura representa una oportunidad para reducir determinados costos y mejorar las condiciones de acceso a mercados internacionales.

Sin embargo, los beneficios dependerán de acuerdos específicos y de las decisiones de las compañías.

No todos los proyectos argentinos tienen previsto utilizar puertos chilenos ni compartir instalaciones existentes.

Un mercado que necesita nueva capacidad productiva

Las proyecciones de JPMorgan se desarrollan en un contexto de creciente interés por el abastecimiento mundial de cobre.

La electrificación, la expansión de redes energéticas y el desarrollo de nuevas tecnologías sostienen expectativas de mayor demanda del metal.

La incorporación de nuevas minas puede requerir períodos prolongados de exploración, evaluación, construcción y puesta en marcha.

Esto genera una diferencia temporal entre el crecimiento esperado de la demanda y la disponibilidad efectiva de nueva oferta.

Para los países con grandes recursos cupríferos, el escenario representa una oportunidad de desarrollo.

Sin embargo, aprovecharla requiere inversiones sostenidas y condiciones que permitan avanzar con proyectos de largo plazo.

El potencial argentino todavía debe convertirse en producción

La posición de Argentina dentro del análisis de JPMorgan constituye una señal de la importancia que adquirió su cartera de proyectos cupríferos.

El país aparece entre los principales candidatos para incrementar la oferta mundial, pero todavía enfrenta el desafío de iniciar una nueva etapa de producción comercial.

Estados Unidos, por su parte, busca recuperar capacidad mediante proyectos que podrían agregar 1,3 millones de toneladas anuales.

En ambos casos, las estimaciones dependen de la concreción de inversiones y del cumplimiento de los cronogramas de desarrollo.

La diferencia es que Estados Unidos pretende ampliar una industria existente, mientras que Argentina busca recuperar su condición de productor de cobre a gran escala.

El análisis de JPMorgan coloca a Argentina entre los países con mayor potencial para transformar el mercado mundial del cobre durante la próxima década.

La oportunidad está vinculada con proyectos como Vicuña, Los Azules, El Pachón y Altar. Su materialización dependerá de convertir los recursos identificados en inversiones ejecutadas, infraestructura disponible y operaciones capaces de producir de manera sostenida.

El desafío ya no se limita a demostrar el potencial geológico: consiste en desarrollar las condiciones necesarias para que ese potencial se traduzca en producción efectiva.


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