Perú tiene los recursos y una cartera de proyectos suficiente para plantearse un objetivo de gran escala: duplicar su producción de cobre durante las próximas décadas y alcanzar aproximadamente 5 millones de toneladas anuales.
La propuesta fue presentada por Víctor Gobitz, presidente de PERUMIN 38, quien planteó desarrollar dos grandes polos cupríferos —uno en el norte y otro en el sur— capaces de agregar conjuntamente entre 2 y 3 millones de toneladas anuales a la producción peruana.
Actualmente, Perú produce aproximadamente 2,5 millones de toneladas de cobre por año, por lo que concretar esa visión significaría prácticamente duplicar su capacidad.
Pero la propuesta no se limita a construir nuevas minas. El planteo de Gobitz incorpora una condición central: sin infraestructura desarrollada en paralelo, los recursos minerales por sí solos no serán suficientes para conseguir ese salto productivo.
Un gran polo cuprífero en el norte
La primera pieza del esquema estaría ubicada en el norte peruano.
Allí se concentra un conjunto de proyectos que incluye Michiquillay, El Galeno, Conga, La Granja y Cañariaco, cuya puesta en marcha permitiría configurar un nuevo distrito minero de gran escala.
Según la estimación presentada por Gobitz, este bloque tendría potencial para incorporar entre 1 millón y 1,5 millones de toneladas adicionales de cobre por año.
La magnitud del volumen muestra por qué la propuesta se plantea como un desarrollo territorial integrado y no simplemente como una suma de minas independientes.
La concentración de varios proyectos dentro de una misma región podría abrir oportunidades para compartir o coordinar infraestructura de transporte, energía y logística, siempre que los desarrollos consigan avanzar en sus respectivas etapas técnicas, ambientales, sociales y financieras.
Otro millón de toneladas desde el sur
El segundo gran polo estaría concentrado en el sur del país, donde Perú ya posee una importante actividad cuprífera.
El esquema incluye proyectos como Tía María, Los Chancas, Trapiche y Antilla, además de la expansión de Cerro Colorado, de acuerdo con la cartera señalada durante la presentación.
Este conjunto tendría capacidad potencial para incorporar otro volumen de entre 1 millón y 1,5 millones de toneladas anuales de cobre.
Sumados ambos polos, Perú podría agregar entre 2 y 3 millones de toneladas a su producción actual, construyendo así el escenario que permitiría aproximarse a los 5 millones de toneladas por año.
Se trata, sin embargo, de una proyección de desarrollo y no de producción actualmente comprometida. Cada proyecto se encuentra en una situación diferente y deberá completar sus propias etapas antes de llegar a operación.
Más de US$60.000 millones en proyectos de cobre
El respaldo geológico de la propuesta aparece en la magnitud de la cartera peruana.
Los proyectos cupríferos representan inversiones proyectadas por más de US$60.000 millones, lo que posiciona al cobre como uno de los principales componentes del futuro minero del país.
La oportunidad coincide además con un escenario internacional en el que la electrificación, las energías renovables, las redes eléctricas, la electromovilidad y la expansión de infraestructura digital incrementan las perspectivas de demanda de cobre.
Para Perú, el desafío será conseguir que una porción significativa de esa cartera pase de los estudios y permisos a construcción.
Las minas necesitan puertos, energía y carreteras
Gobitz planteó que alcanzar la nueva escala productiva requerirá una estrategia de aproximadamente 20 años que coordine el desarrollo de los proyectos con la infraestructura necesaria para operarlos.
Puertos, energía, carreteras y comunicaciones aparecen como elementos indispensables para que los dos polos puedan funcionar de manera competitiva.
La planificación conjunta podría además permitir que determinada infraestructura sea aprovechada por varios proyectos y por otras actividades económicas de las regiones involucradas.
Ese enfoque transforma la discusión. La pregunta deja de ser únicamente cuántas toneladas de cobre contienen los depósitos peruanos y pasa a incluir cómo movilizar ese mineral, con qué energía procesarlo y por dónde exportarlo.
Una estrategia que necesitará continuidad
El horizonte de aproximadamente dos décadas introduce otro desafío: una transformación de esta magnitud excederá ampliamente un único período de gobierno.
Gobitz planteó la necesidad de contar con una visión compartida entre Estado, empresas y sociedad civil, capaz de otorgar continuidad a las decisiones necesarias para desarrollar los polos productivos.
La propuesta aparece mientras Perú busca acelerar las inversiones mineras y reducir los tiempos necesarios para transformar su extensa cartera en nuevas operaciones.
Con una producción actual cercana a 2,5 millones de toneladas y más de US$60.000 millones en proyectos cupríferos, el recurso para imaginar un Perú de 5 millones de toneladas existe sobre el papel.
La verdadera prueba será conseguir que proyectos, infraestructura y financiamiento avancen coordinadamente. Si eso ocurre, el país no solamente sumaría nuevas minas: podría reorganizar buena parte de su infraestructura alrededor de dos grandes corredores cupríferos capaces de modificar la escala de su producción durante las próximas décadas.