La reforma de la Ley de Glaciares, recientemente promulgada por el Gobierno nacional, enfrenta su primer freno judicial. El juez federal de Río Gallegos, Claudio Vázquez, ordenó suspender de manera cautelar la aplicación de la norma en la provincia de Santa Cruz, en el marco de un amparo colectivo impulsado por autoridades de El Calafate.
La decisión implica que, al menos en el corto plazo, no podrán autorizarse ni ejecutarse medidas basadas en la modificación legal si estas pudieran afectar glaciares o el ambiente periglacial. El fallo se apoya en principios centrales del derecho ambiental, como el precautorio y el de no regresión, y busca preservar las condiciones actuales hasta que exista una sentencia definitiva.
El planteo de los demandantes apunta directamente al corazón de la reforma. Según sostienen, los cambios introducidos reducirían el alcance de las áreas protegidas y trasladarían a las provincias facultades que deberían permanecer en el ámbito del Congreso nacional, lo que alteraría el esquema de presupuestos mínimos ambientales.
Más allá del caso puntual, la resolución abre un escenario más amplio. Santa Cruz puede convertirse en un precedente para otras provincias o actores que cuestionen la ley, trasladando el debate desde el plano legislativo hacia el judicial. En ese contexto, el desafío ya no será solo aplicar la norma, sino sostener su validez frente a una posible ola de litigios.
Para el sector minero, la señal es clara: la reforma avanzó en términos políticos, pero su implementación real dependerá de cómo se resuelvan estas disputas en la Justicia. La ley ya está vigente, pero su alcance efectivo empieza a definirse ahora, caso por caso y provincia por provincia.