La disponibilidad de minerales ya no aparece como el único factor capaz de determinar el crecimiento futuro de la minería peruana. A medida que nuevos proyectos avanzan hacia etapas de desarrollo y las operaciones existentes buscan ampliar su capacidad, el acceso a energía confiable y la infraestructura necesaria para sostenerla adquieren un peso cada vez mayor en las decisiones de inversión.
Así lo plantea el estudio “La nueva ecuación de la minería en América Latina: los límites invisibles entre la energía y la operación”, elaborado por Aggreko a partir de entrevistas en profundidad con ejecutivos y especialistas de compañías mineras de Perú, Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y México.
Una de las principales conclusiones del relevamiento es que la seguridad energética dejó de ser solamente una variable vinculada con los costos. La disponibilidad y estabilidad del suministro impactan actualmente sobre la continuidad de las operaciones, su productividad y la capacidad de las compañías para desarrollar expansiones.
Además, el 66% de los líderes entrevistados relacionó directamente el futuro energético de la industria con la sostenibilidad, la incorporación de fuentes renovables y una mayor eficiencia operacional.
José Albornoz, gerente regional de Minería de Aggreko, sostuvo que la infraestructura energética comienza a ocupar una posición estratégica dentro de la industria latinoamericana.
“Más que sostener las operaciones, esta infraestructura influye en decisiones estratégicas, condiciona la competitividad del sector y ayuda a definir los caminos posibles para una transición que necesita aliar seguridad, eficiencia y previsibilidad”, señaló.
Perú: una potencia minera frente al desafío energético
La discusión adquiere especial relevancia para Perú por la dimensión que tiene la minería dentro de su economía.
El sector representa aproximadamente el 10% del PBI y cerca del 60% de las exportaciones nacionales. Durante 2025, las exportaciones mineras alcanzaron un récord de US$61.800 millones, impulsadas principalmente por cobre, oro, zinc y plata.
Sin embargo, la geografía peruana introduce dificultades particulares para el desarrollo de nuevas operaciones.
Buena parte de los recursos minerales se encuentra en regiones andinas donde las distancias respecto de los sistemas interconectados, las limitaciones de la infraestructura de transmisión y la complejidad del terreno pueden incrementar tanto los costos como las dificultades técnicas para garantizar un suministro energético estable.
En este contexto, el estudio advierte que las restricciones de infraestructura energética podrían transformarse en un obstáculo para el crecimiento minero durante los próximos años.
El desafío no pasa únicamente por disponer de electricidad, sino por garantizar que el suministro sea suficiente, continuo y previsible para operaciones que trabajan durante las 24 horas y donde una interrupción puede generar impactos directos sobre la producción.
Soluciones off-grid para proyectos alejados de las redes
Frente a esas limitaciones, las soluciones energéticas off-grid comienzan a aparecer como una alternativa para operaciones ubicadas lejos de los principales sistemas de transmisión.
Estos modelos pueden combinar generación convencional, energías renovables y sistemas de almacenamiento, permitiendo desarrollar esquemas híbridos adaptados a las necesidades específicas de cada proyecto.
Según el informe, este tipo de soluciones puede contribuir a garantizar el suministro, optimizar los costos operativos y reducir la vulnerabilidad energética de las operaciones.
Pero operar fuera de la red también introduce nuevos desafíos. Los sistemas requieren una planificación rigurosa y capacidad suficiente para responder ante contingencias, debido a que cualquier falla energética puede comprometer directamente la continuidad de la producción.
La energía también empieza a definir la competitividad del mineral
La transformación de la matriz energética minera tiene además otra dimensión: la huella de carbono asociada a los minerales producidos.
El estudio señala que las compañías comienzan a considerar la fuente energética utilizada durante la producción como un factor de competitividad. La huella de carbono final de los minerales adquiere una importancia creciente para compradores y mercados internacionales, generando incentivos para incorporar matrices más limpias.
Sin embargo, el avance de esta transición estará condicionado por la viabilidad económica. El desafío para las compañías será encontrar un equilibrio entre reducción de emisiones, confiabilidad del suministro y costos competitivos.
El estudio de Aggreko, basado en entrevistas con 21 profesionales de alto nivel del sector minero latinoamericano, coloca así a la energía dentro de una discusión que excede ampliamente el abastecimiento eléctrico: comienza a convertirse en una variable que puede determinar qué proyectos avanzan, cuánto pueden producir y bajo qué condiciones pueden competir internacionalmente.
Para Perú, que cuenta con una importante cartera de recursos y proyectos, la próxima etapa de crecimiento no dependerá exclusivamente de lo que existe debajo de la tierra. Convertir ese potencial geológico en nuevas operaciones requerirá también desarrollar la energía y la infraestructura capaces de sostenerlas de manera eficiente, confiable y competitiva.