El proyecto Sal de Oro dio un nuevo paso en su crecimiento luego de que el Gobierno nacional aprobara su incorporación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para una segunda etapa de expansión que demandará una inversión de US$208 millones. La iniciativa, operada por la surcoreana POSCO en el Salar del Hombre Muerto, busca elevar la capacidad productiva hasta alcanzar las 23.000 toneladas anuales de carbonato de litio.
La aprobación tiene un peso que va más allá del monto de inversión. Sal de Oro se convierte en el décimo proyecto minero en ingresar al régimen y vuelve a mostrar el protagonismo que mantiene la minería dentro de la estrategia de atracción de capitales impulsada por el Gobierno. De los 18 proyectos aprobados hasta el momento bajo el RIGI, diez corresponden al sector minero, consolidando a la actividad como uno de los principales motores de inversión de largo plazo en Argentina.
El crecimiento de Sal de Oro también se complementa con otro movimiento estratégico de POSCO: la adquisición de activos de Lithium South en el proyecto Hombre Muerto Norte. La operación, valuada en US$65 millones, amplía la presencia territorial de la compañía en una de las cuencas de litio más importantes del mundo y fortalece su posición dentro del ecosistema productivo del NOA.
Las proyecciones del proyecto estiman exportaciones superiores a los US$300 millones anuales una vez alcanzada la nueva capacidad productiva. En un contexto donde Argentina busca consolidarse entre los principales productores globales de litio, este tipo de ampliaciones empiezan a ser tan relevantes como los nuevos descubrimientos.
Más allá de la aprobación puntual, el avance de Sal de Oro confirma una tendencia que atraviesa a toda la industria: la etapa actual del litio argentino ya no se basa únicamente en exploración, sino en expansión productiva. Y son precisamente estos proyectos los que definirán el volumen de exportaciones que el país podrá generar durante la próxima década.