Tras su participación en una de las conferencias magistrales del evento, Rabbia compartió su mirada sobre el escenario actual de la exploración, marcado por una tensión creciente entre una demanda global en alza y las limitaciones estructurales para encontrar nuevos recursos.
La demanda crece, pero la exploración no logra acompañar ese ritmo
El punto de partida es claro: el mundo va a necesitar más minerales, especialmente cobre.
“Todo indica que la demanda va a superar a la oferta”.
Este escenario abre una oportunidad directa para los países andinos, pero también deja en evidencia un problema estructural: la falta de nuevos descubrimientos que permitan sostener ese crecimiento.
Durante el último ciclo alcista de los commodities, la industria logró responder incrementando la producción en grandes minas ya existentes. Sin embargo, ese modelo empieza a agotarse: muchos de esos yacimientos están entrando en etapas de madurez.
El cuello de botella: tiempo, geología y límites estructurales de la industria
Ahí aparece el verdadero desafío que planteó Rabbia: la dificultad de reemplazar esos grandes yacimientos.
“Encontrar cosas nuevas son mínimo 20 años”.
El desarrollo de un proyecto minero es un proceso largo que incluye exploración, financiamiento, permisos, licencia social y construcción de la mina. Por eso, lo que se descubre hoy no impacta en el corto plazo, sino décadas después.
“Si tú encuentras algo ahora, no es para mañana, sino para dentro de 20 años”.
En ese contexto, la industria entra en una nueva fase:
“Van a aparecer nuevos recursos, pero siempre van a ser más modestos, más pequeños y más profundos”, explicó Rabbia.
Esto implica mayores costos de extracción, menor rentabilidad y una presión creciente sobre la eficiencia de los proyectos.
A esto se suma un factor que muchas veces se simplifica en el debate público: la geología.
“La geología es la geología”, sintetizó, al explicar que la distribución de los recursos no responde a criterios políticos ni territoriales, sino a condiciones naturales específicas.
Licencia social, tecnología y el rol de los gobiernos en el futuro del sector
Más allá de la técnica, Rabbia fue claro en señalar cuál es el límite real de la minería actual:
“Si la comunidad dice que no, es no”.
La licencia social se consolida así como un factor decisivo para el desarrollo de cualquier proyecto, incluso por encima de las condiciones geológicas o económicas.
En paralelo, la tecnología avanza con fuerza, pero no resuelve todos los problemas.
“La inteligencia artificial tiene que ser una herramienta que nos ayude, no que nos suplante”, advirtió, marcando la necesidad de mantener el criterio geológico y la capacidad de análisis.
A pesar de este escenario más complejo, Rabbia dejó una mirada optimista:
“El futuro de la minería en Latinoamérica va a ser mejor que el actual”, sostuvo, apoyado en la riqueza geológica de la región.
Sin embargo, ese potencial dependerá de decisiones concretas.
“Los gobiernos tienen que entender que la minería es una actividad de largo plazo”.
La clave estará en construir estabilidad, previsibilidad y una integración real con las comunidades, en un contexto donde la demanda global no deja de crecer.