El Ministerio de Energía y Minas de Perú (MINEM) volvió a poner el foco sobre el fortalecimiento de la producción nacional de hidrocarburos tras destacar el avance operativo del Lote X, uno de los activos petroleros más importantes del país ubicado en la región de Piura.
Durante una reunión entre el viceministro de Hidrocarburos, Marco Agama, y representantes de OIG Perú, la compañía confirmó que iniciará una nueva etapa de perforaciones a partir de junio, dentro de un ambicioso plan de desarrollo contemplado en el contrato de licencia vigente hasta 2054.
El programa incluye la perforación de 1.144 pozos de desarrollo y dos pozos exploratorios adicionales entre 2026 y 2034, una escala que refleja la importancia estratégica que el gobierno peruano busca darle a la recuperación de producción energética nacional.
Actualmente, el Lote X mantiene 17 campos activos, 2.801 pozos en operación y una producción cercana a los 10.300 barriles equivalentes por día (BOEPD), consolidándose como el principal campo de petróleo y gas del noroeste peruano.
Pero más allá de los números productivos, el MINEM intentó reforzar otro mensaje: el de la relación entre hidrocarburos, desarrollo territorial y seguridad energética. Desde el gobierno remarcaron que el fortalecimiento de este tipo de operaciones permite no solo sostener abastecimiento interno, sino también generar recursos económicos para regiones productoras.
En ese sentido, OIG Perú informó que las operaciones del lote ya generaron más de US$135 millones en regalías y aportes superiores a US$6,7 millones destinados al Fondo Social del Lote X, orientado a proyectos comunitarios y desarrollo local.
La reactivación de perforaciones además se produce en un momento donde Perú busca reducir dependencia energética externa y recuperar dinamismo en inversiones vinculadas a petróleo y gas, sectores que durante los últimos años enfrentaron menor actividad exploratoria frente al crecimiento de la minería.
El caso del Lote X deja así una señal importante para el sector energético peruano: mientras la transición energética avanza globalmente, países productores de América Latina continúan viendo en petróleo y gas una herramienta clave para sostener seguridad energética, actividad económica regional y generación de recursos fiscales durante las próximas décadas.