Argentina y Chile volvieron a poner en agenda uno de los instrumentos más relevantes —y subutilizados— de la minería regional: el Tratado de Integración y Complementación Minera. La reactivación del diálogo entre ambos países apunta directamente a destrabar proyectos binacionales como Vicuña, que integran activos de gran escala como Josemaría y Filo del Sol.
El encuentro entre el secretario de Minería argentino, Luis Lucero, y el biministro chileno Daniel Mas marcó el relanzamiento de una agenda que había quedado relegada. Ambos países acordaron retomar las sesiones de la Comisión Administradora del tratado durante el primer semestre, con el objetivo de acelerar el análisis de proyectos fronterizos.
El punto de fondo es claro: sin este marco operativo, los proyectos binacionales quedan atrapados en una doble regulación que complica desde la logística hasta la tributación. El tratado, en cambio, permite coordinar aduanas, infraestructura, trabajo y régimen fiscal bajo un esquema común.
Desde el sector privado ya vienen empujando en esa dirección. El CEO de Lundin, Jack Lundin, confirmó que existe un protocolo para la etapa de exploración en Vicuña, pero que el objetivo es escalarlo a un acuerdo de explotación que permita mover personal y producción entre ambos países con mayor fluidez.
La señal política llega en un momento clave. Vicuña no es solo un proyecto: es un test de integración minera real entre Argentina y Chile. Y si funciona, puede abrir la puerta a una nueva generación de desarrollos en la cordillera.