Carlos Sola, referente de Alta Tecnología Alimentaria, explicó en Argentina Mining Norte 2026 cómo la compañía aborda los desafíos nutricionales, logísticos y humanos de operar campamentos a más de 4.000 metros de altura, integrando alimentación, hotelería y servicios de apoyo.
Trabajar en alta montaña exige mucho más que adaptación técnica.
Las bajas temperaturas, la altura, el aislamiento y los regímenes prolongados de trabajo impactan directamente sobre las personas que sostienen una operación.
En ese contexto, la alimentación y el descanso dejan de ser servicios complementarios.
Pasan a formar parte de la propia productividad de la faena.
Ese fue uno de los principales conceptos que Carlos Sola, referente de Alta Tecnología Alimentaria —ATA—, dejó durante su participación en Argentina Mining Norte 2026.
“El trabajo en la Puna y en alta cordillera exige un cuidado especial de las personas. La comida y el descanso no son solo un servicio básico: son el momento donde el trabajador repone energías y se siente acompañado lejos de su casa.”
La definición resume el enfoque con el que ATA busca posicionar sus servicios dentro de la minería: cuidar a las personas como parte de la continuidad operativa.
Alimentar también es sostener la operación
ATA trabaja sobre servicios de alimentación institucional, hotelería y soporte integral en operaciones remotas.
Durante la entrevista, Sola puso especial énfasis en que la alimentación en altura requiere una planificación distinta a la de un comedor convencional.
Los menús deben contemplar el alto gasto calórico, las condiciones climáticas y las exigencias metabólicas asociadas al trabajo en baja presión de oxígeno.
Por eso, la compañía trabaja con esquemas nutricionales diseñados para acompañar jornadas prolongadas y ambientes extremos.
El objetivo es sostener energía, recuperación y bienestar durante los turnos de trabajo.
En ese contexto, una comida deja de ser solamente una prestación.
Puede influir directamente sobre el estado físico, la concentración y la capacidad de recuperación del trabajador.
Inocuidad y calidad en cada etapa
Otro de los puntos centrales de la propuesta es el control de la cadena alimentaria.
ATA trabaja con protocolos orientados a garantizar calidad e inocuidad desde el abastecimiento hasta la elaboración y el servicio dentro del campamento.
Ese control resulta especialmente importante en operaciones alejadas, donde un incidente alimentario puede tener un impacto considerable sobre una dotación numerosa.
La distancia respecto de centros urbanos obliga a sostener procesos rigurosos de recepción, almacenamiento, manipulación y conservación.
En minería, la seguridad alimentaria pasa así a formar parte del mismo nivel de exigencia que otras variables operativas.
Logística para que nada falte en altura
La provisión de alimentos hacia una faena ubicada en la Puna también presenta desafíos propios.
Distancias, cortes de ruta, clima y aislamiento pueden alterar los tiempos de abastecimiento.
Por eso, ATA incorpora esquemas de logística de frío y aprovisionamiento continuo, buscando sostener variedad y frescura incluso frente a contingencias.
La planificación logística debe prever stocks, frecuencia de entregas, conservación y reemplazos ante interrupciones.
El servicio no puede depender de que las condiciones sean ideales.
Tiene que funcionar también cuando la geografía complica la operación.
Hotelería y descanso como parte del mismo sistema
La propuesta de ATA no termina en la cocina.
La compañía integra también servicios de hotelería, lavandería, limpieza y mantenimiento de instalaciones dentro de esquemas de gestión de campamentos.
Para Sola, el descanso ocupa un lugar tan importante como la alimentación.
Después de una jornada exigente, el trabajador necesita condiciones adecuadas para recuperarse y volver a la operación al día siguiente.
Eso incluye limpieza, orden, confort y servicios capaces de sostener la habitabilidad del campamento.
La lógica es integrar alimentación y hotelería dentro de una misma experiencia de cuidado.
Experiencia en operaciones de gran escala
Ese enfoque se apoya además en una trayectoria desarrollada en proyectos de alta exigencia.
ATA cuenta con experiencia en operaciones como Pascua Lama, donde llegó a brindar servicios para alrededor de 6.500 trabajadores por día a más de 4.000 metros de altura.
Ese antecedente resume buena parte de las capacidades que la empresa busca trasladar a nuevos proyectos: volumen, planificación, logística y adaptación a condiciones extremas.
Trabajar a esa escala obliga a mantener consistencia en cada etapa.
Desde la recepción de insumos hasta la última comida servida, cualquier falla puede multiplicarse rápidamente.
Por eso, la experiencia acumulada funciona como uno de los principales respaldos de la compañía.
Personas en el centro de la faena
La entrevista con Carlos Sola permitió reforzar un concepto que ATA ya venía trabajando antes del evento.
La infraestructura minera puede incorporar maquinaria, tecnología y procesos cada vez más sofisticados.
Pero la operación sigue dependiendo de personas.
Y esas personas necesitan alimentarse bien, descansar, recuperarse y contar con condiciones de vida adecuadas durante sus días de turno.
Para ATA, esa dimensión humana no está separada de la productividad.
Forma parte de ella.
ATA después de Argentina Mining Norte 2026
La participación en Salta permitió a Alta Tecnología Alimentaria mostrar una propuesta construida alrededor de una idea simple: el bienestar del trabajador también es infraestructura minera.
Nutrición adaptada a la altura, inocuidad, logística de abastecimiento, hotelería, lavandería, limpieza y mantenimiento forman parte de un mismo sistema.
La entrevista con Carlos Sola terminó de darle sentido a esa integración.
En una operación a más de 4.000 metros, donde cada jornada exige un esfuerzo físico y emocional mayor, alimentar y alojar bien a las personas no es un servicio periférico.
Es parte de lo que permite que la faena siga funcionando.
Y ahí ATA busca consolidar su lugar: acompañar la productividad cuidando a quienes la hacen posible.