Desde Chile llega una señal potente: la posibilidad de construir una estrategia común de litio entre Argentina, Bolivia y Chile. La iniciativa, impulsada por la CIL Lithium, busca que la región deje de ser únicamente un abastecedor de materias primas y pase a ocupar un rol activo en la fijación de precios, el desarrollo tecnológico y la estandarización de criterios ambientales.
La presidenta Pamela Goicovich y el director Sebastián Quiñones subrayaron que el objetivo es romper con la histórica condición de “tomadores de precio” y avanzar hacia una plataforma conjunta que permita capturar mayor valor. Para ellos, el litio del triángulo es “intrínsecamente más valioso”, por su sostenibilidad, eficiencia y origen solar.
La propuesta se apoya en tres ejes:
Integrar tecnología, academia y comunidades desde el inicio.
Homogeneizar estándares ambientales, de agua y energía.
Impulsar mayor valor agregado a partir del litio, como hidróxido o cloruro.
Goicovich destacó que Chile puede aportar su experticia logística y la infraestructura portuaria del norte para complementar las ventajas geológicas de Argentina y Bolivia. En paralelo, la entidad proyecta un escenario de precios más estable en torno a US$ 20.000–25.000/t, condicionado por demanda en rápido crecimiento y la adopción de tecnologías como DLE.
La idea plantea un desafío enorme, pero a la vez abre una ventana histórica: si los tres países logran coordinarse, el triángulo podría convertirse en un actor global y no solo en un productor fragmentado.