Este año marca un nuevo aniversario para Escondida, la operación ubicada en la región de Antofagasta que con el tiempo se transformó en un verdadero emblema del cobre global. Desde que comenzó a producir en 1991, la mina ha acumulado más de 34 millones de toneladas del metal rojo y continúa siendo una pieza clave dentro del sistema productivo chileno, aportando cerca de una cuarta parte del cobre que exporta el país.
Pero antes de convertirse en la mayor mina de cobre del planeta, Escondida fue simplemente una hipótesis geológica bajo el desierto de Atacama. Su descubrimiento en la década de 1980 marcó uno de los momentos más trascendentes de la exploración minera moderna en América Latina.
En ese capítulo inicial aparece también el nombre del geólogo Nivaldo Rojas, quien integró el equipo de exploración que identificó el potencial del yacimiento mientras trabajaba para la compañía Utah Minerals. Aquel hallazgo no solo cambiaría el destino de la minería chilena, sino que también sería uno de los descubrimientos cupríferos más importantes del siglo XX.
Con el tiempo, Rojas se convertiría en una figura influyente dentro del desarrollo minero regional. Fundador del evento Argentina Mining y promotor de la integración minera sudamericana, su trayectoria estuvo marcada por la búsqueda de vínculos entre empresas, países y proyectos en toda la región.
Ese legado volvió a ser recordado en Mendoza, donde se destacó su papel pionero en tender puentes entre la industria minera y las provincias que buscaban desarrollar el sector bajo estándares de sostenibilidad y planificación de largo plazo.
A tres décadas y media de su puesta en marcha, Escondida sigue siendo mucho más que una mina. En un momento en que la transición energética impulsa una demanda creciente de cobre para electrificación, energías renovables y redes de transmisión, el proyecto chileno continúa funcionando como referencia global de escala, continuidad operativa y capacidad de expansión.
La historia de Escondida demuestra cómo un descubrimiento geológico puede transformar la economía de un país y redefinir el mapa minero mundial. También recuerda que detrás de los grandes proyectos hay equipos de exploración capaces de identificar oportunidades donde antes solo había desierto.
Hoy, mientras el cobre vuelve a ocupar un lugar central en la agenda energética global, el aniversario de Escondida funciona como una ventana hacia el futuro: un recordatorio de que los próximos grandes descubrimientos de la región podrían estar todavía esperando bajo la superficie.