El mercado del cobre empieza a internalizar una realidad que la industria viene advirtiendo hace años: la oferta no alcanza. JP Morgan ajustó al alza su proyección de precio de largo plazo y estima que el metal podría promediar USD 12.000 por tonelada en la próxima década, impulsado por déficits estructurales y costos de capital en ascenso.
El banco calcula que serán necesarios unos USD 150.000 millones en inversiones para desarrollar más de 30 grandes proyectos capaces de aportar alrededor de 5 millones de toneladas anuales adicionales. Sin embargo, los plazos se han extendido: hoy un proyecto puede demorar hasta 17 años en alcanzar plena producción, frente a los 10 años que requería a comienzos de siglo. Permisos más complejos, menores leyes de mineral y mayores exigencias ambientales presionan los tiempos.
La brecha proyectada es significativa. El déficit podría alcanzar 2 millones de toneladas hacia 2030 y escalar hasta 8 millones en 2035, en un contexto donde la demanda no cede. Electrificación, energías renovables, vehículos eléctricos e infraestructura asociada a la inteligencia artificial sostienen un crecimiento cercano al 3% anual. Solo los centros de datos podrían cuadruplicar su consumo de cobre hacia el final de la década.
En este escenario, Argentina aparece como pieza estratégica. JP Morgan la define como “la próxima gran frontera del cobre”, con proyectos de escala como Los Azules, MARA, El Pachón y Vicuña en distintas etapas de desarrollo. La consolidación de un marco proinversión podría transformar al país en un actor relevante dentro del nuevo ciclo global del metal rojo.
Más allá del precio, el dato central es estructural: el mundo necesitará más cobre y lo necesitará rápido. Quienes logren acortar tiempos regulatorios y ofrecer estabilidad serán los que capitalicen el nuevo equilibrio del mercado.
Fuente: Latinmining con información de Mineria y Desarrollo