El geólogoAriel Testi, gerente de Exploración de Minera CieloAzul, subsidiaria de Blue Sky Uranium Corporation, tomó el micrófono para contar una historia que la industria argentina conoce bien, pero que había quedado en pausa. “Este es nuestro primer disclosure del Proyecto Corcovo”, dijo, con el tono de quien comparte una noticia esperada. Y no exageraba: se trata de una nuevafrontera exploratoria en Mendoza, una provincia que vuelve a mirar su subsuelo con otros ojos.
Del Amarillo Grande al Corcovo
Blue Sky no es nueva en esto. La compañía canadiense lleva más de 15 años explorando uranio y vanadio en Argentina, con presencia en Río Negro, Neuquén, Chubut y ahora Mendoza. Su proyecto más avanzado, Amarillo Grande, en la Patagonia, se convirtió en referencia dentro del país. A partirde esa experiencia, el equipo técnico empezóa mirar hacia el oeste y encontró en la cuenca blanquineana —una región con antecedentes hidrocarburíferos— el terreno ideal para dar el siguiente paso.
“Ahí vimos condiciones únicaspara avanzar con exploraciones bajo el método in situ recovery”, explicó Testi. Se trata de una tecnología utilizada en más del 50 % de la producción mundial de uranio, que permite extraer el mineral sin remover grandes volúmenes de tierra. En lugar de abrir un tajo, se perforan pozos: por uno se inyecta una solución acuosa y por otro se bombea el mineral disuelto. Es una metodología menos invasiva, casi invisible a simple vista,que remite a la lógicade los yacimientos de petróleo.
Una base de datosque vale oro (o uranio)
El Proyecto Corcovo, con 20.000 hectáreas de superficie, tiene una particularidad: se asienta sobre una zona donde la industria petrolera ya perforó miles de metros en décadas pasadas. Esa información geológica —perfiles de pozo, sísmica2D y 3D, registros de agua y composiciones de suelo— es hoy un tesoro para los geólogos de Blue Sky. Les permite explorar con precisión, sin empezar de cero.
Hasta ahora se analizaron 500 sondajes históricos y se identificaron cuatro horizontes mineralizados. Las concentraciones equivalentes de uranio, que superan los 200 ppm, muestran continuidad en el subsueloy confirman el potencial de la zona. “Lo que estamos encontrando no son puntos aislados, sino áreas donde la mineralización se repite y se conecta”, explicó Testi. En palabras simples: hay uranio, y hay estructura.
El desafío mendocino
Pero si algo caracteriza a Mendoza es que ningún proyecto minero pasa inadvertido. En unaprovincia donde la Ley 7722 sigue siendosímbolo de una discusión sin resolver, hablar de minería nuclear puede sonar provocador. Sin embargo, Testi lo plantea en otros términos: ciencia, método,conocimiento. “La exploración es donde está la ciencia—dijo al cerrar su presentación—, lo que nos aporta mucho en la industria y en el territorio.”
Esa mirada técnica busca correrse de los extremosy abrir una conversación más profunda: cómo aprovechar un recurso estratégico con tecnología de bajo impacto y transparencia ambiental. El in situ recovery podría ser una llave para ese nuevo diálogo, aunque todavía falta construir el marco regulatorio y la confianza social que lo haga posible.
Argentina y la oportunidad del uranio
En paralelo, el contexto internacional parece empujar en esa dirección. Con la energía nuclear revalorizada como fuente limpia y estable dentro de la transición energética, países de todo el mundo reactivansus proyectos de uranio. En Argentina, donde el sector nuclear tiene historia y capacidad técnica —desde la CNEA hasta INVAP—, la posibilidad de contar con abastecimiento local vuelve a aparecer sobre la mesa.
Blue Sky apuesta a ser parte de esa conversación. Y si Corcovodemuestra su potencial, Mendoza podría convertirse, una vez más, en un punto de inflexión en la historia de la minería argentina. No por el oro ni por el cobre, sino por el elemento que alimenta el futuro de la energía atómica.